El desabastecimiento de comida va a más y aunque una visión social y científica más cooperativa alienta la esperanza, si la crisis es integral y planetaria, también deben serlo las medidas
El pasado mayo, en Japón, dimitió el ministro de Agricultura por comentar que nunca compraba arroz porque se lo regalaban sus simpatizantes. La petulancia de Taku Eto no habría generado tanto malestar social si no fuese porque el arroz escasea en el país y su coste se ha duplicado en pocos meses. Japón atraviesa una severa crisis con este grano —básico en la dieta de su población—, al punto de que el Ejecutivo ha liberado 500.000 toneladas de las reservas nacionales del cereal para frenar el aumento de los precios.
Entre las causas principales de este escenario están el cambio climático, el miedo a los desastres naturales y la presión del turismo de masas. A las elevadas temperaturas e intensas lluvias que han menguado la producción de arroz, y las compras de acopio de este grano en 2024 por la amenaza de un terremoto, se suma el notable incremento de visitantes extranjeros ávidos de comer sushi. No es un mero dato de color. El año pasado, casi 37 millones de personas visitaron Japón, una cifra récord que se prevé aún mayor para este año y que lleva al límite la capacidad del país para hacer frente a la demanda de alimentos y servicios.
El ideal de la abundancia, la hiperdisponibilidad alimentaria y el crecimiento continuo choca de frente con la realidad. Está…
Reportaje publicado en El País
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