Turbonutricionismo: cuando las proteínas no dejan ver los alimentos

El auge comercial de las proteínas, que se venden hasta en el agua, ensancha los límites de un fenómeno conocido como ‘nutricionismo’ y explota la desconexión con los alimentos y la cocina

Hay dos maneras de trocear un pollo: la primera es con cuchillo y tabla de cortar; la segunda, con calculadora y tabla nutricional. Mientras una hace pensar en recetas con aroma, sabor y textura, la otra olvida al alimento para centrarse en sus nutrientes. La percepción ante un mismo producto es distinta. Si una promete una pechuga a la plancha, unos contramuslos estofados o unas alitas fritas, la otra ofrece una visión mucho más reduccionista: el pollo ya no es el ingrediente de un plato, sino un saco inerte de proteínas, fósforo y vitamina B3.

Elegir —y promocionar— alimentos en función de sus nutrientes es una práctica habitual hoy en día. El nutricionismo, como lo denominó el experto en política alimentaria Gyorgy Scrinis, marca nuestra relación con la comida. Se produce, por ejemplo, al hacer la compra y escoger unas galletas en lugar de otras porque son ricas en vitaminas, pero también al estar pendientes de la composición nutricional de cada alimento ingerido. Una práctica, esta última, que deja poco margen para el hedonismo.

Pensar…

Artículo publicado en El País


Descubre más desde Laura Caorsi

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑