Alejandro Dumas y la dieta del vinagre para adelgazar

El responsable de la dieta del vinagre para adelgazar podría haber sido el escritor parisino Alejandro Dumas. Y, más concretamente, Margarita Gautier, la protagonista de su obra La Dama de las Camelias. Al menos, esa es la tesis que se barajó el 15 de enero de 1886 en el periódico La Correspondencia de España. En la edición de ese viernes se hablaba de la gran influencia que había tenido el trabajo de Dumas entre los jóvenes de la época, que buscaban parecerse a los personajes. Sobre todo, las mujeres, quienes intentaban reproducir un modelo de belleza y de amor.

«La Dama de las Camelias, que precedió a La Vida de la Bohemia, marcó el principio del reinado do las mujeres galantes. La literatura les consagró su poder. El inmenso éxito del magnífico drama de Alejandro Dumas tuvo por resultado que toda hija de portero soñó con ser una Margarita Gautier, y no hubo joven de veinte años que no acariciase la idea de llegar a ser un Armando Duval. Las Margaritas Gautier se hicieron de moda. Todas bebían vinagre para adelgazar y tener el color del tipo. Se ensayaban en toser a fin de conmover el corazón de los hijos de familia. Una bronquitis era un verdadero tesoro», puede leerse en el diario.

Fragmento del periódico La Correspondencia de España, donde se vincula la moda de beber vinagre para adelgazar con la obra La Dama de las Camelias, de Alejandro Dumas.
La Correspondencia de España, enero de 1886. (BNE)

Modelo de belleza

«Toda hija de portero soñó con ser una Margarita Gautier», pero Margarita Gautier estaba enferma. La protagonista era joven y hermosa, capaz de atraer a los hombres y de enamorar a Armando Duval, aunque no a pesar de padecer tuberculosis, sino precisamente por ello. En la novela (publicada en 1848), Armando se preocupa por la salud de Margarita y por su condición tísica; una debilidad que consigue captar su atención, su deseo y su afecto. Por eso el texto del periódico menciona lo de «ensayar la tos para conmover los corazones de los hijos de familia» o suelta la idea de que «una bronquitis era un verdadero tesoro».

Además de fingir la tos o de ver como algo positivo padecer una afección respiratoria, no fueron pocas las mujeres jóvenes que intentaron perder peso y ganar palidez bebiendo vinagre. Un ejemplo lo encontramos en esta noticia, publicada en el diario La Discusión, en 1859:

«Una señorita de Lyon estaba a punto de casarse con un joven a quien amaba y de quien era amada. Joven, bonita y rica, la vida se le presentaba bajo los más felices auspicios. Toda esta felicidad en perspectiva, toda una existencia dichosa, se han perdido por una fatalidad. La muchacha iba engruesando, lo cual la exponía a las chanzas de sus amigas, chanzas que al principio sufrió alegremente; pero que al fin le causaron gran mortificación, puesto que su carácter se trasformó, se alteró su salud y murió a poco de notarse el cambio en los brazos de sus desconsolados padres.

La causa de una muerte tan pronta no podía ser una tristeza que no tenía ningún motivo ser y por tanto se resolvió, no sin gran dolor de los padres, que se hiciera la autopsia del cadáver. Entonces se vio lo que nadie había podido sospechar siquiera. Los intestinos estaban quemados por los ácidos que la desgraciada niña había tomado, ocultándose de sus padres, para contener una robustez que la desesperaba. La desdichada ha muerto víctima de una vanidad ridícula».

La Discusión, agosto de 1859. (BNE)

Lyon-Toledo

Casi siete años después, y a 1300 kilómentros de Lyon, la prensa dio cuenta de un suceso parecido en España. La víctima también era una chica joven y el objetivo era el mismo: adelgazar, ajustarse al canon estético del momento, ser querida, gustar. El diario La Soberanía Nacional lo contaba de esta manera:

«En un pueblo de la provincia de Toledo ha ocurrido no hace muchos días una sensible desgracia con una joven señorita, hija de una de las familias más distinguidas, que ha sucumbido víctima de horribles padecimientos a consecuencia del abuso del vinagre. Hacemos público este caso, para que sirva de aviso y escarmiento a muchas jóvenes que beben con exceso este líquido, a fin de adelgazar y quebrar los colores, haciéndose de este modo (según ellas) más interesantes a los ojos del sexo barbudo sin tener en cuenta que el vinagre, como líquido corrosivo, es capaz de destruir los mejores estómagos, y de abrir paso a los padecimientos y a la muerte».

La Soberanía Nacional, abril de 1866. (BNE)

«Come pickles para adelgazar»

Además de los sucesos, las referencias a esta práctica de tomar vinagre para adelgazar aparece con frecuencia en la prensa del momento. La encontramos mencionada como un elemento más dentro de otros artículos más amplios y, también, reflejada en los textos de ficción populares. Un ejemplo de esto último puede ser Jettatura, el folletín que publicaba El Pabellón Nacional en el siglo XIX. El fragmento que sigue es un diálogo y pertenece al capítulo del 19 de febrero de 1881:

—Haríais mejor confesándome que soy horrible. También tenéis la culpa, comodoro; con vuestras alas de pollo, vuestras costilletas, vuestros filetes de buey, vuestros vasitos de Canarias, vuestros paseos a caballo, vuestros baños de mar, vuestros ejercicios gimnásticos, me habéis fabricado esta fatal salud burguesa que disipa las ilusiones poéticas de Aspremont.

—Atormentáis a Aspremont y os burláis de mí—respondió el comodoro;—pero ciertamente el filete de buey es sustancial, y el vino de Canarias nunca ha hecho daño a nadie.

[…]

—Veo,—dijo Alicia, continuando sus bromas— lo que os pone tan sombrío y tan serio. La época de nuestro matrimonio está fijada para el mes próximo, y retrocedéis ante la idea de veros marido de una pobre campesina sin elegancia ni distinción. Os devuelvo vuestra palabra; podéis casaros con Sarah-Templeton, que come pickles y bebe vinagre para adelgazar.

El Pabellón Nacional, febrero de 1881. (BNE)

De vuelta a los textos de no ficción, los peligros de tomar vinagre se mencionan en este otro artículo del diario El Globo, que se centraba en sus cualidades antisépticas como conservante y tenía un enfoque de seguridad alimentaria, pero acababa así:

«Sin embargo, cuando el uso del vinagre degenera en abuso puede determinar accidentes graves; produce desde luego sacudimientos, dolores y calambres en la región gástrica, la dispepsia, y, por último un rápido enflaquecimiento. Con el propósito de obtener este último resultado de hacerse adelgazar, algunas mujeres adquieren el funesto hábito de beber vinagre. Pero si consiguen su objeto es siempre a costa de su salud, pues acaban por contraer enfermedades del estómago más o menos graves».

El Globo, septiembre de 1875. (BNE)

Vinagre de ayer y hoy

Hasta que se descubrió el primer antibiótico, en 1897, contraer tuberculosis equivalía a una sentencia de muerte precedida por una larga enfermedad. Los síntomas físicos más notables, aparte de la tos, eran la palidez, la delgadez y la debilidad, tres rasgos que se pusieron de moda como ideales de belleza. A la hora de beber vasos de ácido acético, las mujeres jóvenes no buscaban morir (para eso mezclaban el vinagre con fósforo, como recoge El Español en 1835); lo que querían era copiar esa estética; ajustarse al canon de la época. El consumo sistemático de vinagre fue el medio más socorrido para conseguirlo.

En este artículo de la periodista científica Emily Mullin, publicado por la revista Smithsonian en 2016, se explica cómo la tuberculosis moldeó la moda victoriana, al punto de influir durante décadas en las tendencias. El corsé para lucir una figura más estrecha y el polvo de arroz como maquillaje para lograr cierta palidez fueron muy utilizados para acercarse a ese modelo. Pero, por alguna razón, el consumo de vinagre para adelgazar es lo que ha pervivido hasta hoy.

En la actualidad, podemos encontrar infinidad de artículos que lo presentan como quemagrasas y adelgazante natural, o que sugieren beberlo diluido en agua, en ayunas. También se presenta como método casero en alguna publicidad y, por supuesto, como remedio infalible, novedoso o especial. Sin embargo, ni es nuevo, ni es bueno ni es eficaz (me corrijo: eficaz sí, porque morirse lo deja a uno en los huesos). La dieta del vinagre procede de una moda centenaria y arcaica, basada en los síntomas de una enfermedad, y probablemente promovida por el ideal romántico de la novela más conocida de Alejandro Dumas.


Todas las noticias antiguas citadas en este artículo pertenecen a la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España, una extensa colección de prensa histórica que se puede consultar por internet en esta dirección.

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