Halloween: la historia de miedo (real) que deberías conocer antes de pedir dulces

Ni demonios ni fantasmas ni alimañas misteriosas acechando bajo la cama. Existen criaturas más concretas y cotidianas que amenazan nuestra salud. Están en la nevera, en la despensa, en los supermercados y las gasolineras. Sobreviven en las máquinas de vending, en los aeropuertos, en los restaurantes y en cualquier cajón del congelador. Hablamos, por supuesto, de los productos ultraprocesados, desde bollería y golosinas hasta bebidas azucaradas y snacks de pobre perfil nutricional. Como los monstruos más temibles de Halloween, también son fascinantes: se adaptan a casi todo y adoptan diferentes formas. La diferencia es que no son una fantasía ni se esconden en la noche. Son reales, hacen daño y se muestran a plena luz del día.

Cuando acabe el año, y si no hay sorpresas, cada uno de nosotros habrá bebido casi ocho litros de vino, más de ocho litros de zumos y néctares, 18 litros de cerveza y más de 36 litros de refrescos. El 83 % de esa cerveza será con alcohol, la mitad de los refrescos habrá sido de sabor cola y el 71,2 % de los zumos, en realidad, serán néctares y concentrados. Litro arriba, litro abajo, el escenario es más que probable: esto fue exactamente lo que hicimos el año pasado, según recoge el Informe del consumo alimentario en España 2018.

Una lata de refresco contiene unos 35 gramos de azúcar, pero una lata de bebida energética tiene todavía más. Su contenido ronda los 50 gramos, justo el doble de la cantidad máxima diaria recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hoy, las beben siete de cada diez adolescentes, y más de la mitad las mezcla con alcohol. También uno de cada cinco niños en edad escolar toma bebidas energéticas y, en el 16 % de los casos, a razón de casi cuatro litros al mes.

Las bebidas espirituosas merecen una consideración aparte. Contienen, además de alcohol y de sus riesgos asociados, una notable cantidad de calorías vacías, como detalla el dietista-nutricionista Julio Basulto. En nuestro país, casi el 5 % de las calorías que consumimos a diario proceden de las bebidas alcohólicas, unas bebidas cuya ingesta también se asocia a un menor control del mecanismo de la saciedad

Artículo publicado en Eroski Consumer.

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